La gran noticia es que el gran salto evolutivo que la anestesirología ha logrado en poco tiempo permite catalogar todas estas reticencias y pánicos a la anestesia como totalmente irracionales

MIEDO A LA ANESTESIA

 Ser anestesiado es uno de los miedos más frecuentes y que más resistencias despierta ante una intervención quirúrgica.

La gran noticia es que el gran salto evolutivo que la anestesiŕología ha logrado en poco tiempo permite catalogar todas estas reticencias y pánicos a la anestesia como totalmente irracionales, goza de una inmerecida reputación y son muchos los que viven con miedo tener que pasar por una intervención que requiere ser anestesiado. Sin embargo, es cierto que no siempre fue así.

En este sentido, cabe destacar que hace 50 años  no se precisaba hacer una especialidad académica para ser anestesista. Los anestesiólogos de esa generación han conocido métodos de la Segunda Guerra Mundial….. era raro encontrar quirófanos con monitores que permitieran controlar el estado del paciente. No existía la especialidad de anestesiología y la anestesia la aplicaban enfermeros o médicos noveles”

 

 

 

CONTROL EXHAUSTIVO

 La tecnología del momento permite un control exhaustivo de la respiración y del corazón. “Existen múltiples alarmas que suenan a la más mínima variación del estado del paciente sin llegar a producirse situaciones peligrosas”, 

Ahora bien, sí es cierto que existen casos más delicados a la hora de pasar por una intervención que precise anestesia. Aquellos pacientes con un estado fisiológico especialmente deteriorado, con patología asociada de pulmón, corazón, hígado o riñón, hematológicas o degenerativas. Pero en estas ocasiones, “las medidas son diferentes y somos conscientes; se debe informar del riesgo a familiares y pacientes”.

Riesgos de la anestesia general y efectos secundarios

Lo más frecuente es que no se produzcan complicaciones asociadas al uso de la anestesia general, afirma la Dra. Guasch, quien es vicepresidenta de la Sociedad Española de Anestesiología y Reanimación (SEDAR), y añade que actualmente constituye un entorno excepcionalmente seguro, al que compara con el de la aviación.

Así, según esta experta, los riesgos que puede tener el paciente son los inherentes a las patologías que sufre (diabetesobesidadenfermedades cardiovascularesasma), a su edad, y al procedimiento quirúrgico al que se va a someter. Las complicaciones directamente asociadas a la anestesia serían las derivadas de posibles problemas de la vía aérea, del control de la respiración, y del control de las funciones hemodinámicas del paciente.

En las embarazadas y los niños menores de tres años se recomienda evitar la anestesia general siempre que sea posible, y utilizarla únicamente en aquellos procedimientos que sean imprescindibles, advierte esta anestesióloga, que aconseja que en las pacientes gestantes, salvo que sean procedimientos de urgencia u oncológicos, se espere a que haya nacido el bebé.  

posibles efectos post operatorios

  • Sentir mucho frío al despertar y experimentar escalofríos y temblores, pero esto es algo temporal que se alivia con una buena manta térmica, y que no reviste ningún peligro.

 

 

  • Dolor de garganta: en aquellos casos en los que se intuba al paciente para facilitar la respiración mientras permanece sedado, puede notar molestias en la garganta o al tragar.

  • Náuseas y vómitos, en cuanto a este problema se dice que la anestesia se vomita, esto no es así, sino que “los vómitos muchas veces se producen en relación con el procedimiento quirúrgico realizado ya que, por ejemplo, las cirugías laparoscópicas inducen muchísimos vómitos, y algunos fármacos también inducen una mayor incidencia de náuseas y vómitos, pero los fármacos anestésicos, como todos los fármacos, se metabolizan por el hígado y se eliminan por la orina”.

  • Desorientación: otro efecto secundario que a veces se produce en las personas mayores es una cierta confusión mental, más o menos intensa dependiendo del estado físico y cognitivo previo del paciente, y que generalmente es transitoria.

CONSEJOS ANTE UNA INTERVENCIÓN CON ANESTESIA

  • Descansar bien la víspera. Se puede recurrir a un sedante suave prescrito por el cirujano o el anestesista.

  • No fumar antes de la intervención porque aumentan la sensibilidad en la garganta y los ácidos gástricos.

  • No beber ni comer las horas previas a la intervención. El estado anímico del paciente es importante para el equipo de quirófano. La tranquilidad y serenidad transmite paz y confianza.

  • Al despertar, no obsesionarse con la sensación de dolor, pues esta reacción puede aumentar la percepción dolorosa.

  • La confianza en los profesionales y el positivismo frente a la intervención es la mejor medicina frente a un proceso de estas características.

 

Te contamos cuáles son los temores más comunes.

“Me colocaron anestesia de más”

 Es común oír frases como “póngame poquita anestesia que me quiero despertar” o similares, las cuales resultan incorrectas. Existen dosis para las drogas que se utilizan, sumado al avance en los procesos de monitoreo que se realizan por parte del profesional, lo cual posibilita controlar el efecto provocado por la anestesia sobre los signos vitales del paciente. En todos los casos, se colocan las dosis necesarias para que el paciente permanezca anestesiado durante toda la cirugía y se controlan permanentemente sus signos vitales, lo cual permite anticiparse y resolver inconvenientes que pudieran presentarse. 




“Puedo sentir cosas mientras estoy anestesiado” 

Si bien es algo que puede suceder, es poco habitual que ocurra. La anestesia general se conforma por tres componentes: la hipnosis (logra que el paciente se encuentre dormido e inconsciente), la analgesia (permite que no se perciba o se sienta ningún dolor) y la relajación muscular (posibilita que el paciente se encuentre paralizado y no realice movimientos). Estos tres mecanismos se logran con medicamentos diferentes, por lo que, para obtener una anestesia general de forma completa se deben cumplir los tres aspectos antes mencionados. Sin embargo, puede suceder que, si se coloca una dosis inadecuada o no se administran en la cantidad correcta alguno de estos componentes, por ejemplo, el agente hipnótico, el paciente estará con imposibilidad para moverse y sin sentir dolor, pero despierto y consciente.

 

“Tengo miedo de quedar paralítico luego de una anestesia raquídea o epidural”

Este temor está fundado, principalmente, en que durante los comienzos de la especialidad para realizar estas anestesias se utilizaban drogas inadecuadas y dosis muy altas, lo que en muchos casos generaba neurotoxicidad. Actualmente, se utilizan drogas seguras y en bajas dosis y concentraciones, lo cual brinda seguridad y disminuye el riesgo de complicaciones. Otro punto es el temor sobre cómo y dónde se coloca esta anestesia. Lo primordial es dejar claro que el pinchazo que se realiza es entre las vértebras, sobre la columna vertebral, razón por la que no existirían riesgos de dañar la médula espinal. Además, de forma previa a su colocación se realiza una anestesia local en la piel.

 

En el caso que la técnica no se aplique de forma correcta, lo que puede ocurrir de forma posterior es la generación de sensaciones anormales en las piernas o dificultad para su movimiento, lo que sucede de forma temporal y sin existir una paralización total de los miembros inferiores. Otra consideración es que los dolores lumbares crónicos no son provocados por la colocación de este tipo de anestesia.

 

Ambas técnicas bien realizadas, con la droga correcta y la dosis indicada son técnicas seguras. 

 

“Soy alérgico a la anestesia” 

En la actualidad, las reacciones alérgicas provocadas por los agentes anestésicos son poco frecuentes. Lo primero que es necesario corroborar es a qué componente es o puede ser alérgico el paciente, ya que durante la anestesia se utiliza más de uno y es inusual ser alérgico a todos ellos. En el caso que esto ocurra, existen alternativas para todos los componentes. 

Es importante comunicarle al anestesiólogo durante la consulta preanestésica si existen antecedentes de reacciones alérgicas para optar por los fármacos adecuados, como así también considerar posibles alérgenos que puedan estar presentes en la sala en la que se realice la intervención. 



Bibliografía

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